Para hoy día 12 de junio, el blog de recetas de la Tía Alia organizó 'el día de la pasta'. Yo lo vi en Twitter, lo anoté mentalmente (y en el calendario del blog...) y me monté la receta. Ayer, buscando la convocatoria, me encontré con que era 'el día de la pasta fresca rellena'... con lo que, en fin, la receta se nos queda un poco coja para el tema.
De todas formas, ya nivel personal, prefiero la pasta seca. Y es que ante el profuso ascenso de la pasta fresca rellena, hoy voy a reivindicar la pasta seca de trigo duro.
De todas formas, ya nivel personal, prefiero la pasta seca. Y es que ante el profuso ascenso de la pasta fresca rellena, hoy voy a reivindicar la pasta seca de trigo duro.
Hemos pasado en no mucho tiempo de encontrar tan sólo ravioli rellenos de carne en una dudosa salsa de tomate, todo ello en conserva, o tortellini secos rellenos con carne en las mismas condiciones, a toda una panoplia de tortellini, fagotini, capelletti, agnolotti,... embutidos con los más variopintos rellenos, que pasan desde la pera a las espinacas.
Pero desde luego ninguno de ellos puede con la versatilidad de la pasta seca. Desde el clásico de la cocina infantil como son los macarrones con tomate (que, he de confesar, yo no he abandonado y se encuentra en dura pugna con la ensalada de arroz por conseguir el primer puesto de mis platos favoritos), pasando por el sufrido rancho de los pisos de estudiantes a los primeros pinitos culinarios de la mayoría de los independizados de los fogones maternos.
Cuenta la leyenda (de mi casa) que cuando me llevaron de pequeño (pues entre 6 y 8 años tendría) a Italia, sólo comí, para desesperación de mi madre, spaghetti o macarrones con tomate durante todo el viaje, tanto para comer como para cenar. Y creo que si hoy fuera a Italia, igual hago lo mismo.
Durante el verano, cuando con los amigos nos vamos durante una semana a Navarra, solemos comprar macarrones (somos como una docena a diario para dar de comer y cenar, se come de rancho). En realidad, compramos unas bolsas de 5 kg de macarrones. Y al final, más o menos, acaban cayendo, casi todos ellos en forma de macarrones con xistorra (magnífica por allí) o ensalada de pasta.
En realidad, creo que no conozco a nadie a quien no le guste la pasta. Con unas salsas más que con otras, pero no me suena.
Así que, hoy, macarrones. Como me daba un poco de vergüenza poner únicamente macarrones con tomate, hemos preparado una cosa un poco más fina. Aunque no mucho. Salsita contundente de sabor, penne rigate con un puntito de picante (incorporado en la propia pasta, que ya venía como al peperoncino) y un poquito de horno.
